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Terra
La Coctelera

Aviones que pasan

Hoy es uno de esos días con el cielo cubierto y aviones que no consigues distinguir cruzando tras las nubes. Sólo queda la estela de sonido como diciendo "aquí estoy. ¿vienes?".

La mayoría de mis relaciones son así, mucho ruido y muchas promesas que no llegan a cumplirse. Quizá son ellos los que están escondidos detrás de las nubes sin dejarse ver... o quizá soy yo.

Ayer salí y un chico al que no conocía me besó y anotó su número en mi móvil. Todo iniciativa suya, claro. Ahora lo miro cada quince minutos, mitad con miedo de que suene y mitad deseándolo.

El novio de mi compañera

La mejor forma para empezar es sincerarse ¿no? Y aquí donde nadie sabe quién soy es el mejor sitio.

Llevo años en el mismo puesto y recuerdo que cuando entré mi compañera ya estaba. No tardamos en hacernos amigas porque somos muy parecidas (las dos un poco raras). Quedamos para salir más de una vez y creo que tengo más amistad con ella que con algunas de mis "íntimas".

A su novio me lo presentó unos meses más tarde cuando fue a esperarla a la salida del trabajo. Lo primero que pensé es que era guapo pero mayor para ella. Alto, serio y formal, de esos en los que yo normalmente no me fijo. Me dió dos besos que no me supieron a nada especial.

Ahora ya han pasado varios años y las cosas han cambiado mucho. Ahora me lo como con la mirada cada vez que sube a la oficina. Estoy esperando el momento en el que llega para jugar a adivinar cómo olerá cuando me dé los dos besos. Y le miro cuando se va porque todo le sienta tan bien. A veces cuando mi compañera está ocupada se sienta en mi mesa y me pregunta que tal, me hace bromas y nos reimos. Seguro que parezco tonta, colorada como un tomate y sin acertar ni una con las teclas mientras me está mirando.

Tengo envidia de mi compañera.